domingo, 22 de marzo de 2015

La educación encierra un tesoro

Hoy quiero compartir contigo un pequeño extracto mi nuevo libro que verá la luz el próximo 6 de abril bajo el título "365 propuestas para educar" publicado en la editorial AMAT. Estoy muy ilusionado con esta nueva publicación ya que los derechos de autor los he destinado al 100% a la Fundación Juegaterapia. Estoy encantado con poder ayudar al máximo a los niños enfermos y sus familias...

Quiero dar las gracias a TODO el equipo editorial por su ilusión, estímulo, paciencia y buen trabajo. Un placer formar parte de la editorial AMAT.

La educación encierra un tesoro

La educación encierra un auténtico tesoro. Quizás el más valioso que podamos encontrar a lo largo de nuestras vidas. Es un tesoro que va más allá de las riquezas y los bienes materiales… De hecho, somos lo que somos gracias a la educación que hemos recibido.


El valor que atesora la educación es único: se trata del motor de cambio de nuestra sociedad. Sólo a través de la misma conseguiremos transformar la sociedad haciendo de este un mundo más justo, sostenible y habitable.

Por este motivo es importantísimo que cada uno de nosotros tomemos conciencia del papel que jugamos e intentemos ofrecer las mejores herramientas posibles a nuestros hijos para que afronten la vida en las mejores condiciones. Debemos tener muy claro qué queremos para nuestros niños y para su futuro.

En palabras del gran Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.


Porque educar es un proceso que dura toda una vida. Siempre estamos educando y educándonos. Se trata de un proceso en dos direcciones. No es una tarea sencilla pero precisamente su dificultad y los obstáculos que nos iremos encontrando en el camino son los que hacen más valiosa esta apasionante y noble tarea.

Nuestra responsabilidad como educadores es la de preparar a nuestros hijos para el futuro, dotándolos de experiencias significativas que les ayuden en su aprendizaje vital y que les permita CRECER (en mayúsculas).

No debemos olvidar que educar es un proceso lento que requiere de mucha paciencia. Es un camino en el que no hay atajos. Recuerda: no por regar más una planta ésta crece más. Corremos el riesgo de ahogarla. Lo mismo puede ocurrir con la educación de nuestros hijos.

Para afrontar esta tarea en las mejores condiciones necesitaremos tres ingredientes esenciales: humildad, paciencia y compromiso. Pero sobre todo mucho cariño y amor para ayudar a nuestros hijos a encontrar su propia felicidad y que sean capaces de hacer felices a los demás. Ahí reside el TESORO de la educación. Y este tesoro no está fuera de nosotros sino en nuestro interior: en el corazón de padres y maestros.


“Los hijos no necesitan padres impresionantes sino seres humanos que hablen su lenguaje y sean capaces de penetrar en su corazón” Augusto Cury


Quisiera terminar esta entrada compartiendo una historia que acabo de descubrir y que guarda mucha relación con lo que has leído. Lleva por título "El amor, la única fuerza creativa" del libro Sopa de Pollo para el alma de Jack Canfield:

"Un profesor universitario quiso que los alumnos de su clase de sociología se adentrasen en los suburbios de Boston para conseguir las historias de doscientos jóvenes. A los alumnos se les pidió que ofrecieran una evaluación del futuro de cada entrevistado. En todos los casos los estudiantes escribieron: «Sin la menor probabilidad»Veinticinco años después, otro profesor de sociología dio casualmente con el estudio anterior y encargó a sus alumnos un seguimiento del proyecto, para ver qué había sucedido con aquellos chicos. Con la excepción de veinte individuos, que se habían mudado o habían muerto, los estudiantes descubrieron que 176 de los 180 restantes habían alcanzado éxitos superiores a la media como abogados, médicos y hombres de negocios.
El profesor se quedó atónito y decidió continuar el estudio. Afortunadamente, todas aquellas personas vivían en la zona y fue posible preguntarles a cada una cómo explicaban su éxito. En todos los casos, la respuesta, muy sentida, fue: «Tuve una maestra».
La maestra aún vivía, y el profesor buscó a la todavía despierta anciana para preguntarle de qué fórmula mágica se había valido para salvar a aquellos chicos de la sordidez del suburbio y guiarlos hacia el éxito.
–En realidad es muy simple –fue su respuesta–. Yo los amaba."
Espero que te haya resultado interesante. Muchas gracias de antemano por dedicar tu tiempo a leerla y compartirla con tus amigos y seguidores a través de las redes sociales.
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